Don Rajoy y su gobierno, queriéndolo o no,
nos están poniendo a los españoles como chupa de dómine. No sólo han insultado
a nuestra inteligencia, sino también, a
nuestra honradez y bonhomía. Hablo de españolas y españoles que conozco, sean
políticos, funcionarios, profesionales y demás clase trabajadora. Soy
consciente que he empezado por políticos, con la que está cayendo, pero ni
todos los que yo he conocido son corruptos, vagos, ambiciosos o incapaces, ni
creo que así sean muchos de los que no he conocido. Lo mismo podría decirse de
los funcionarios con su proverbial fama de vagancia e incapacidad, a pesar de
haber opositado y, en teoría, demostrado su aptitud. Claro está que estos son
lugares comunes; antes lo decíamos así: “No se puede generalizar”.
Nos
dicen que no pagamos el IVA y por eso lo tienen que subir; que vivimos por encima
de nuestras posibilidades, al parecer, en lo tocante a la salud, la educación,
la seguridad social (no la sanidad, que se había discriminado de ésta al tener
carácter universal y pagarse con cargo a los impuestos) que son las partidas
más recortadas de los presupuestos; que las autonomías son las culpables del
despilfarro y hay que meterlas en vereda, y que la Constitución, también en ese
sentido, hay que reformarla pues han llegado los jacobinos al poder y no se
puede estar a mal con las autoridades ni llamarlas con nombres soeces. Éstas y
muchas otras cosas nos dicen, callando lo fundamental: ¿quién debe y a quién?
Nos
está insultando este gobierno (también el anterior pero ahora le toca a don
Rajoy) la inteligencia pero, sobre todo, nos calumnia tan reiterada y
machaconamente que corremos el riesgo de creernos sus burdas mentiras.
No
hemos vivido ni vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino que estamos
pagando unos intereses de un endeudamiento por encima de esas posibilidades; y
si no, vamos a auditar la deuda, las deudas, para ver cuales tienen que asumir
los estados de las que han asumido los gobiernos con mentiras y tapujos,
cómplices que lo son, cuando no esbirros o empleados del capital ladrón y
especulativo.
Que
coste que esto no es un insulto: la banca, por ejemplo, ha tenido y tiene que
recapitalizarse, eufemismo para decirnos que el dinero que le han confiado difícilmente
lo podría devolver por que, entre otras cosas, los activos que coloca en sus
balances (eufemísticamente, también, productos financieros) están escandalosamente
sobrevalorados; la banca en general no dispone, ya no de liquidez, no dispone de
valores condonables por el monto total del capital que se les ha confiado; y
eso es robar, aunque poner nombres concretos al ladrón o ladrones sea
complicado. Es más fácil decir que todos y cada uno de los contribuyentes ha
gastado más de lo que tenía.
Son
tantos los insultos, las mentiras y sus repeticiones constantes que somos
muchos los que estamos hartos de oír las consignas narrando nuestro pícaro
comportamiento, nuestra falta de rigor y nuestra incapacidad para relacionarnos
y vivir con decencia de ciudadanos. Hartos. Y como no se puede generalizar, que
cada palo aguante su vela.
Somos mayoría los que no somos pícaros (que no
vengan removiendo nuestras conciencias, nuestros sentimientos de culpa, nuestra
autoestima), los que no somos corruptos, los que vamos a trancas y barrancas
cargando con todo lo que nos echan encima.
Que
aguanten su vela los que han vendido nuestro patrimonio y han malfurriado
nuestros ahorros.
Que
aguanten su vela los que de forma artera y por la puerta de atrás han ido
cediendo nuestra soberanía, la del Pueblo Español, al que con tanto
patrioterismo dicen defender, aceptando tratados y pactos que van en contra de
nuestras leyes, las cuales, reforman al dictado de quienes por nadie han sido
elegidos.
Que
aguanten su vela los que han administrado mal, los que han robado, sobornado y
han legislado para defender los derechos de unos pocos contra los de todos.
Y,
finalmente, que aguanten su vela todos aquellos que en sus trabajos sean
funcionarios o no, actúen sin decoro y decencia.
Pero
que no insulten nuestra inteligencia y nuestro honor, los que diciendo que “es
que son todos iguales” pretenden disculpar sus conductas sin importarles lo más
mínimo socavar los fundamentos de nuestra convivencia en paz.
Don Rajoy y dones quienes sean, sólo Vds. son iguales a si mismos y a los de su
calaña. Los demás, como mucho, seremos tontos por votarles y creer sus mentiras
y calumnias. Pero no quieran hacernos comulgar con ruedas de molino,
haciéndonos creer que todos somos culpables como si de la Pasión de Cristo se
tratase. Que no, hombre, que no, todos no somos iguales; tampoco los políticos;
tampoco los funcionarios. Aunque a
muchos oyendo su discurso y el de otros como Vds.
les cueste creerlo. Están haciendo un pan como unas hostias a no ser que lo que
quieran sea cargarse el estado y la convivencia democrática. Concediéndoles el
beneficio de la duda, y por si no lo saben: eso es lo que quieren los que en Vds. mandan. So bellacos.