miércoles, 15 de agosto de 2012

Culpables


Don Rajoy y su gobierno, queriéndolo o no, nos están poniendo a los españoles como chupa de dómine. No sólo han insultado a nuestra inteligencia, sino  también, a nuestra honradez y bonhomía. Hablo de españolas y españoles que conozco, sean políticos, funcionarios, profesionales y demás clase trabajadora. Soy consciente que he empezado por políticos, con la que está cayendo, pero ni todos los que yo he conocido son corruptos, vagos, ambiciosos o incapaces, ni creo que así sean muchos de los que no he conocido. Lo mismo podría decirse de los funcionarios con su proverbial fama de vagancia e incapacidad, a pesar de haber opositado y, en teoría, demostrado su aptitud. Claro está que estos son lugares comunes; antes lo decíamos así: “No se puede generalizar”.

            Nos dicen que no pagamos el IVA y por eso lo tienen que subir; que vivimos por encima de nuestras posibilidades, al parecer, en lo tocante a la salud, la educación, la seguridad social (no la sanidad, que se había discriminado de ésta al tener carácter universal y pagarse con cargo a los impuestos) que son las partidas más recortadas de los presupuestos; que las autonomías son las culpables del despilfarro y hay que meterlas en vereda, y que la Constitución, también en ese sentido, hay que reformarla pues han llegado los jacobinos al poder y no se puede estar a mal con las autoridades ni llamarlas con nombres soeces. Éstas y muchas otras cosas nos dicen, callando lo fundamental: ¿quién debe y a quién?

            Nos está insultando este gobierno (también el anterior pero ahora le toca a don Rajoy) la inteligencia pero, sobre todo, nos calumnia tan reiterada y machaconamente que corremos el riesgo de creernos sus burdas mentiras.

            No hemos vivido ni vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino que estamos pagando unos intereses de un endeudamiento por encima de esas posibilidades; y si no, vamos a auditar la deuda, las deudas, para ver cuales tienen que asumir los estados de las que han asumido los gobiernos con mentiras y tapujos, cómplices que lo son, cuando no esbirros o empleados del capital ladrón y especulativo.

            Que coste que esto no es un insulto: la banca, por ejemplo, ha tenido y tiene que recapitalizarse, eufemismo para decirnos que el dinero que le han confiado difícilmente lo podría devolver por que, entre otras cosas, los activos que coloca en sus balances (eufemísticamente, también, productos financieros) están escandalosamente sobrevalorados; la banca en general no dispone, ya no de liquidez, no dispone de valores condonables por el monto total del capital que se les ha confiado; y eso es robar, aunque poner nombres concretos al ladrón o ladrones sea complicado. Es más fácil decir que todos y cada uno de los contribuyentes ha gastado más de lo que tenía.

            Son tantos los insultos, las mentiras y sus repeticiones constantes que somos muchos los que estamos hartos de oír las consignas narrando nuestro pícaro comportamiento, nuestra falta de rigor y nuestra incapacidad para relacionarnos y vivir con decencia de ciudadanos. Hartos. Y como no se puede generalizar, que cada palo aguante su vela.
           
           Somos mayoría los que no somos pícaros (que no vengan removiendo nuestras conciencias, nuestros sentimientos de culpa, nuestra autoestima), los que no somos corruptos, los que vamos a trancas y barrancas cargando con todo lo que nos echan encima.

            Que aguanten su vela los que han vendido nuestro patrimonio y han malfurriado nuestros ahorros.

            Que aguanten su vela los que de forma artera y por la puerta de atrás han ido cediendo nuestra soberanía, la del Pueblo Español, al que con tanto patrioterismo dicen defender, aceptando tratados y pactos que van en contra de nuestras leyes, las cuales, reforman al dictado de quienes por nadie han sido elegidos.

            Que aguanten su vela los que han administrado mal, los que han robado, sobornado y han legislado para defender los derechos de unos pocos contra los de todos.

            Y, finalmente, que aguanten su vela todos aquellos que en sus trabajos sean funcionarios o no, actúen sin decoro y decencia.

            Pero que no insulten nuestra inteligencia y nuestro honor, los que diciendo que “es que son todos iguales” pretenden disculpar sus conductas sin importarles lo más mínimo socavar los fundamentos de nuestra convivencia en paz.
           
                Don Rajoy y dones quienes sean, sólo Vds. son iguales a si mismos y a los de su calaña. Los demás, como mucho, seremos tontos por votarles y creer sus mentiras y calumnias. Pero no quieran hacernos comulgar con ruedas de molino, haciéndonos creer que todos somos culpables como si de la Pasión de Cristo se tratase. Que no, hombre, que no, todos no somos iguales; tampoco los políticos; tampoco los funcionarios. Aunque a muchos oyendo su discurso y el de otros como Vds. les cueste creerlo. Están haciendo un pan como unas hostias a no ser que lo que quieran sea cargarse el estado y la convivencia democrática. Concediéndoles el beneficio de la duda, y por si no lo saben: eso es lo que quieren los que en Vds. mandan. So bellacos.