martes, 24 de septiembre de 2013

¡Larga vida al Rey!


Juan Carlos Primero (¡Larga vida al Rey!)
Dicen que lo operan pronto en la privada,
que si tiene cáncer o pata quebrada.
No sabe la gente, no sabe su grey.
Su regia cadera, titanio de ley,
dicen que le cambian a otra bien untada
con mejunjes varios, con varias pomadas.
Juan Carlos Primero (¡Larga vida al Rey!)
Su pueblo lo aclama cuando invicto llega
de tierras lejanas, de sus correrías.
Todos lo bendicen, lo veneran y aman;
lo miman, lo adoran y no le ven pega;
y están orgullosos de sus cacerías,
sus lances de alcoba... Gustosos lo encaman.
Dice el pueblo buey:
“¡Bravo personaje!
¡Y hermoso su traje!
¡Larga vida al Rey!”



domingo, 15 de septiembre de 2013

Elección de la sede de los JJOO 2020.

            Por qué será que no me entristece en absoluto la eliminación de Madrid. Es más, la he recibido con alivio. No seguí la noticia adrede, pues me niego a que determinados eventos deportivos sean de mi incumbencia. La política (mal llamada política: es el poder) en este país, siempre ha utilizado el deporte espectáculo como el circo y el pan los romanos, para mantener distraída a la plebe, ajena a los asuntos que considera, no son de su incumbencia; es decir, la política (de polis), esta vez bien llamada. He dicho a propósito determinados eventos deportivos (por eventos y por deportivos) porque esa expresión encierra gran parte de la miseria humana de la inmensa mayoría de los políticos sistémicos de este país. Los grandes eventos como ocasión para llenar los bolsillos de gente lista y adepta, que devuelve el favor con creces, son una imagen deplorable por lo ofensiva para la inteligencia del censado y por lo gravosa a la economía de la patria que llena las bocazas de todos esos sinvergüenzas, reos de alta traición, cómplices del terrorismo financiero.
            Es por eso por lo que no me entristece la noticia de la frustración de Madrid. Los tejemanejes que hay alrededor de los deportes espectáculo desvirtúan cualquier aspecto positivo, que los hay, de estos esparcimientos colectivos. La cantidad de buitres y otras especies carroñeras alrededor de todo esto merecerían un estudio exhaustivo por parte de la hacienda pública y la Fiscalía Anticorrupción con el incondicional apoyo de todos los poderes del Estado. No sé por qué barrunto que los resultados de una investigación a fondo serían sorprendentemente provechosos para las arcas del estado y la moralidad pública.
            Los recovecos que el dinero ganado fácilmente, sin esfuerzo, producto de la especulación, la droga, la corrupción y otras lindezas que soy incapaz de imaginar; los recovecos, digo, donde se esconde son de lo más variado. Los paraísos fiscales está claro que están ahí, aunque solo asoman a la palestra de vez en cuando y como del iceberg, visualizamos lo de arriba. El deporte espectáculo no es ajeno, es evidente, a las cuentas poco claras y al manejo de fondos públicos sin ningún tipo de control y transparencia. Las lindezas que se han oído y se han hecho decir a los voceros y mangarrianes del poder sobre los miembros del COI son ilustrativas de una realidad corrupta de la que solo se habla por terceros y cuando no se ha sido favorecido lindamente.
            Por otra parte el patrioterismo palurdo exhibido estos días por la plebe del Frente de Juventudes y sus mayores, me provoca desazón hasta la nausea; sí, ver por quien somos representados y lo peor, quien rige nuestros destinos. En un ataque de indignación llegué a decirme: ¡que se joda la Botella! Tonto de mí. Los jodidos somos la inmensa mayoría de españoles que la soportamos a ella llenando sus arcas y las de sus amos. 

viernes, 14 de junio de 2013

Educación para la Ciudadanía o el Ripada; estado o planes de pensiones.
           
            Nuevamente nos llegan los expertos con la cantinela de los planes de pensiones, amenazándonos con lo que puede y no puede hacer el Estado. Nuevamente a las zorras se les pone a cuidar el corral pidiéndoles asesoramiento de cómo protegerlo contra su afán raposo. El Estado, que somos todos, no debería de servir al interés de los poderosos, es más, tendría que prever los intentos de saqueo de esa especie predadora insaciable. Los gobiernos en España, los últimos mucho más, han estado y están a todo, menos al servicio de la patria que llena sus bocazas mentirosas; a todo, menos a la defensa del Estado que somos todos.
            Para la carcunda en este país, de siempre, nombrar la educación ciudadana, ha sido mentar La Bicha. No es de extrañar pues, que el nombre de aquella asignatura haya concitado tantos odios. Hay que ser poco observador para no darse cuenta que lo que se pretende desde esa clase opulenta, corruptora y corrupta, y sus esbirros, es que la ciudadanía no tenga educación, no tenga conciencia de si misma, de sus derechos y obligaciones. Uno de sus argumentos esgrimidos contra esta educación fue que, en realidad, era un adoctrinamiento enfrentado a valores morales incontestables; lapsus evidente de los que defienden a ultranza la doctrina y adoctrinamiento del Ripalda o su versión actual, lleno de enseñanzas, por cierto, que invitan a pensar libremente y sin dogmatismos.
            Pues bien. Por burdo que sea lo que están haciendo, los desinformadores profesionales tienen gran audiencia entre una ciudadanía dispuesta a oír los cantos de sirena que le comen la oreja, que le hablan al deseo. Y aquí están de nuevo contándonos su dogma del ultraliberalismo que preconiza la desaparición del Estado, en pro de la una especie de ley natural que regula los mercados, expresión máxima de la Nueva Humanidad Libre. Con perdón de los libertarios, un Anarcocapitalismo; con perdón de los creyentes, la Teología del Becerro de Oro (lo de perdón es retórico como vuestras sutiles mentes habrán colegido).
            Bueno, chicos, hay que hacerse un plan de pensiones para el futuro. Nuestros ahorros estarán a buen recaudo. ¿O no?

Manuel Marteles

Cierre de Chocolates Hueso de Ateca

La multinacional estadounidense Mondelez International (antes Kraft Foods) ha decidido deshacerse de esta fábrica y despedir a sus 107 trabajadores[1]

            Lo más importante de una empresa son las personas que la componen o mejor dicho, debería serlo. Cualquier cosa que se pueda argumentar en contra es una maligna falacia de los adoradores del Becerro de Oro. No sé de las vicisitudes y avatares que desde su venta habrá sufrido la empresa Chocolates Hueso de dulces recuerdos y las ayudas públicas que habrá tenido, si las ha tenido; y, si las ha tenido, si fueron hechas bajo la coacción de la nueva propiedad o nuevas propiedades sucesivas que esgrimían como rehenes a los trabajadores. No sé cual será el caso de Chocolates Hueso, pues; pero vamos viendo, año tras año, lustro tras lustro, como viejas marcas emblemáticas de la alimentación, del textil, etc. con un prestigio ganado a pulso por sus empresas creadoras, van convirtiéndose en meras etiquetas de productos fabricados lejos, por trabajadores de otros sitios con sus derechos ignorados, incluso, por ellos mismos que solo piensan en sobrevivir.
            Vamos viendo como, año tras año, nuestros derechos laborales van empequeñeciéndose cual si en manos de jíbaros estuviesen y quizás ya, seguro, estén llegando a la dimensión de los de esos otros sitios. La necesidad quiso creer que a poco que nos esforzásemos y cediésemos, conseguiríamos hacer una buena contraoferta para que no se cerrase la factoría de Ateca. En realidad vemos que no se trata de eso (eso, eso, Chocolates Hueso), de que lo más importante de una empresa sean las personas; que hay algo, un ente superior y absoluto mucho más importante (que ya intuíamos sin terminar de creerlo), incluso, por encima del beneficio de la plusvalía escamoteada a los trabajadores y a sus derechos. Con lo que no contábamos es que el beneficio mayor se obtiene robando directamente, bajo los subterfugios de la legalidad que parece sólo estar para favorecer y dar coartada al expolio, verbigracia, la conversión de una empresa en mero producto financiero, devaluable, arrugable, liquidable al margen del fin último de la misma: compatibilizar el lucro con el servicio a las personas.
            Nos dicen que vendían la fábrica, no así las marcas. Ahora los Huesitos los fabricarán otros obreros a los que tal vez dé un respiro temporal esta decisión de los propietarios, anónimos, con el antifaz que les tapa la cara dura y el alma encallecida. Como decía, vamos viendo, año tras año, lustro tras lustro, como viejas marcas emblemáticas de la alimentación, del textil, etc. con un prestigio ganado a pulso por sus empresas creadoras, van convirtiéndose en meras etiquetas de productos fabricados lejos, por trabajadores de otros sitios con sus derechos ignorados, incluso por ellos mismos, que solo piensan en sobrevivir. El Amo ha dejado de tener rostro, se ha impersonalizado. Chocolates Hueso de dulces recuerdos se ha desprendido de su fábrica, de su gente, que algunos en nuestra ignara inocencia creímos que eran lo más importante de la empresa.
            En cuanto a los Amos de aquí, los de esta tierra, los vende patrias, los PPJOES, siguen como el perro el hortelano aquel de la jota:
Son los amos de mi tierra
Como el perro el hortelano  
Ni se atreven a salvarla
Ni nos dejan defenderla.
            ¡A la mierda!
           


Manuel Marteles


[1] http://abcdigital.disqus.com/espana_pierde_sus_historicos_huesitos_se_haran_en_polonia_abces/latest.rss

sábado, 13 de abril de 2013


14 de abril

            La infanta Cristina, no sé si triste, sí, cariacontecida, pasea sus imputaciones aplazadas y su presunción de inocencia, también aplazada; que sólo se presume la inocencia de los imputados y procesados, ya que sería ocioso ponerse la venda antes de herirse o dar excusas sin ser pedidas, que, según el latinajo tan querido por algún jurista diletante que vaya de culterano, inculpan a quien las da. A mí tanto me da, Balú, si en un vaso, olvidada, se le desmaya la flor de su amor por el paladín balonmánico que huye a Qatar. Ya sé; estarás pensando que, como soy republicano, todo vale para la causa y que el destino de estas familias (ducal y real) me la trae al pairo. Pues no. Tampoco, esa memez de la Marca España que suena a remedo de aquella Hispánica de los tiempos de Carlomagno (es decir, viejuna, casposa y cutre) me la trae.  Lo mío con este asunto, como les pasa a muchos republicanos de bien, es un ataque de vergüenza propia y ajena.
            Al señor Juan Carlos llevamos aguantándole la campechanería, ya, muchos años, así como su estar por encima de la ley y lo que es todavía peor, su precaria apreciación de la realidad que lo deja en pelota constantemente. Recuerda, Balú, el cuento del vestido de aquel rey que solo era invisible para los tontos y que, como nadie quería parecerlo, todos negaban la evidencia; el rey de aquel cuento estaba en porretas, tan a gusto, ocultando su idiotez “¡Por dios que nadie note que no lo veo!” Y no quiero decir con esto que el jefe del estado sea tonto hasta tal punto, aunque sí pienso que él cree que los ciudadanos lo somos y en cierto modo tiene razón. Estoy casi seguro, que, ni en sus más optimistas ensoñaciones, el ciudadano Borbón hubiera podido pensar que las cosas le saldrían tan bien. Le salió bien suceder al genocida Franco (que no lo tenía tan seguro); ser refrendado con la Constitución aprobada por mayoría; y, finalmente, la legitimación dinástica por parte de su sacrificado padre, Don Juan. Pero no sólo le salió bien a nuestro jefe del estado (y rey vuestro, diría a los cortesanos pelotilleros) lo antedicho, al parecer compartía con su antecesor la baraka y el 23F ganó por la mano a tirios y troyanos deviniendo en adalid indiscutible de la democracia. Al menos esa es la lectura que se hizo del asunto, no osando, entretanto, nadie, o casi nadie, decir que el rey estaba en bolas.
            Y es que la transición fue un gran consenso. Todo el mundo quería pasar página y se pasó. Se cambiaron muchas cosas para que, en realidad, no cambiara nada. La Fiera se mostró aletargada dejando al mando a sus capataces para que velasen por sus intereses. Y llegó la OTAN, el pelotazo, la Europa de los mercaderes, el Euro, la liberalización del suelo, la especulación inmobiliaria, los recortes de los derechos laborales por parte de los diferentes gobiernos y la conversión, en el imaginario colectivo, de la masa asalariada, el proletariado, en clase media: esa especie de limbo consumista que cuando decae o decrece pone en evidencia la falsedad en la que está apoyado el sistema de la Fiera (del Capital, con perdón) que está completamente en cueros como aquel rey.  
            Que las infantas estén tristes, lo entiendo, como que lo esté el rey, la reina, los príncipes y demás allegados a la casa real, ya que se les ajó el maravilloso traje que los envolvía en la irrealidad de esta realeza democrática, consensuada, y que parece no ser absolutamente necesaria para el sistema de la Fiera, o en cualquier caso a ésta le da igual. También parece haber abandonado finalmente la baraka a Don Juan Carlos resultando que la probable caída de la monarquía democrática esta, una vez más, lo sería por sus propios deméritos y no por que el pueblo desenmascare la falacia, en buena lógica, del argumentario que la sostiene. Y he aquí la gran frustración, Balú, para un republicano de pro.
            El que la Fiera muestre que puede prescindir de cualquiera de sus capataces sea papa, primer ministro, rey, alcalde o concejal corruptos, nada más que mostrando sus vergüenzas públicamente; que puede, una vez más, cambiarlo todo para que nada cambie, debería hacernos pensar, al menos como mera hipótesis de trabajo, en aquellos idus de marzo. La Fiera es un monstruo tragantúa que se nutre de nuestra avidez por consumir historias para seguir habitando en nuestro limbo y, constantemente, nos tiene amenazados con la abstinencia y el desahucio. Sus capataces, nuevamente, no nos engañemos, velan por sus intereses.
            Balú, hay mucho indeseable al servicio de la Fiera en puestos claves de nuestra sociedad, es cierto, pero hasta que no la desenmascaremos a ella seguiremos jodidos. Entre tanto, a mí, y demás sufridos proletarios, la tristeza de la infanta, de los miembros de la casa real en porreta por decisión de sus ladinos sastres al servicio de la Fiera (sus desastres, diría yo) de verdad, no me la trae al pairo. Es más, desearía que cada palo aguantase su vela cumpliendo con su pena. Y aunque estoy casi seguro que el fuerte brazo de la Justicia, que es largo, lento y en estos casos bastante aplacable, acabará por desfallecer, espero y deseo que todas estas cosas no caigan en el saco roto; que la sensatez de este pueblo español maduro para la democracia, esta vez, se decante por su derecho a decidir, su derecho a la autodeterminación.
            Feliz día de la República, Balú, que tú, al ser perro y republicano, según la carcunda fascista, tendrás dos motivos para celebrarlo. Yo una vez más, como la solución a la crisis, espero al año que viene.

martes, 5 de marzo de 2013

La caspa de Cospedal.


La caspa de Cospedal.

Las declaraciones de Cospedal sobre el finiquito diferido de Bárcenas, o lo que haya querido decir con su sublime galimatías, son lo de lo más casposo y abochornante que venimos soportando. Doña Dolores de la Mancha, se ha cubierto de gloria una vez más, pero ésta, superando con creces sus anteriores logros. Dice el refrán que se tapa mal la zorra con la cola para expresar la actitud de la persona que da flacas explicaciones o pobres excusas al ser pillada en flagrante falta. Y es verdad que nos podía haber ahorrado el insulto a la inteligencia de su farfullante discurso, que no  la cubre. El lenguaje corporal de doña Dolores denotaba un corrimiento difícil de soportar, produciendo feroces ataques de vergüenza ajena: todo un espectáculo para los sufridos ciudadanos que no dan crédito. Ni lo tienen.

Parece ser que todo se confabula, hasta las noticias sobre la corrupción, para no hablar de lo que hay que hablar. Los 38.500 millones de intereses que el estado Español tiene que pagar salen de los 39.000 millones de los recortes sociales. La corrupción es la consecuencia de la prevaricación que comete, día a día en el mundo, el maldito parné, corrompiendo a políticos, altos funcionarios de las instituciones promovidos democráticamente a dedo y a todo un etc. clientelar, en cascada, de mayor a menor que hunde sus raíces en las entrañas de la sociedad, es decir, de la ciudadanía que es, eso sí, la verdadera culpable de las bellaquerías que sus líderes cometen impregnados por la falta de moralidad y valores, o viceversa si hemos de hacer caso del mensaje de los Escribas y Fariseos. Verbigracia, la cúpula de la Iglesia Católica ¿O ese continuo recurrir a la falta de espiritualidad de la sociedad que ha provocado el materialismo ateo y laico no es la línea de argumentación de la Cátedra de Pedro, actualmente vacante? Claro que Benedicto se ha retirado a rezar, tal vez, harto de ver lo que le rodeaba, a decir de algún maledicto: una curia de pederastas y putañeros extorsionados por una red de chaperos de lujo. Y mal andamos si la reserva espiritual de occidente ha sido corrompida por la lujuria y la  avaricia hasta el punto de provocar la dimisión del Santo Padre que, por supuesto, ha decidido con total libertad. Pero eso sirve para el Papa que  se siente miembro del Cuerpo Místico de Cristo y cree en el dogma de la Comunión de los Santos y en el poder de la oración.

Pero todo se confabula para no hablar de lo que los ciudadanos venimos padeciendo, no sabemos si por ese “sin dios” (materialismo y falta de fe) que critica la Iglesia pía y piadosa, y sus glosadores, o precisamente por nuestra fe en el alienante mensaje de que no queda más remedio, no hay otro camino. Lo cierto es que salvo para unos pocos creyentes, nuestras referencias están borradas y nuestros modelos desprestigiados. Si los ciudadanos aparentemente principales (entiéndase grandes empresarios, élites políticas, altos cargos mundiales)  están bajo sospecha de corrupción cuando no condenados por prevaricación, robo e incluso bajo sospecha de asesinato, es fácil llegar a creerse que no hay otro mundo posible salvo el cielo de Benedicto que, no es por nada, está en entredicho y desprestigiado últimamente a causa de las almas que admite en su seno.

Y entre tanto, alguien les ha contado a los obreros alemanes que ellos están pagando la holgazanería de los obreros del sur. Alguien está contando a los obreros griegos que son los culpables junto con los españoles, lusos, etc. de todo lo que nos está pasando. Por nuestra culpa y nuestros grandes pecados. Cuando nos castigan llevándose las fábricas, nuestras plusvalías, nuestras pensiones, nuestro contrato social algo malo habremos hecho: Agnus Dei, qui Tollis peccata mundi, miserere nobis.
En fin, la muerte de Hessel me hace revivir estos días su “¡Indignaos!”, porque, hoy en día, sin la rabia necesaria, sin la justa cólera no podremos salir adelante.

Soportar el casposo discurso de Doña dolores de la Mancha y los suyos, que no son otros que los mamporreros del poder, estén en las filas que estén o digan estar, es por nuestra culpa: lo reconozco.


El soportar el sibilino discurso de la Iglesia Católica, con sus infumables criptofonías sobre el cuerpo místico,  la comunión de los santos, la transubstanciación, el perdón de los pecados desde Adán a nuestros días y un largo etc., soportarlo e interiorizarlo, con la que está cayendo, es culpa nuestra.

Soportar que se hable de todo menos del drama humano de los desahucios, el paro, la pobreza que nos atrapa día a día, de nuestro dinero que se emplea para pagar ladrones y especuladores que no otra cosa son los que manejan los mercados, es nuestra culpa.

Un primer paso para hablar de lo nuestro donde hay que hablar sería que, si nuestros políticos no se hacen eco de verdad de todo esto por que no pueden o no les dejan, o simplemente defienden sus intereses y no los nuestros, que dimitan antes de que los defenestremos de forma metafórica, por supuesto. Y los ladrones a la cárcel, que como dijo el monarca, nadie debe estar por encima de la ley. Bueno, menos él, que para lo que le queda al hombre no le vamos a cambiar el paso. De lo del Rey, no lo dudo, ya que no él, somos todos responsables.


Si dejamos que nos escriban el discurso vamos mal. La caspa pica que enciende, al principio, después, ni la notas.

miércoles, 2 de enero de 2013


Digresiones en la noche vieja de 2012 a 2013.

            Nos puede parecer mucho o poco el sueldo del diputado. Depende de la situación en la que se esté. Nos pasaría exactamente igual con las retribuciones de de cualquier profesional con respecto al salario mínimo o a una prestación social. Pero el tufo demagógico de algunas apreciaciones sobre el sueldo de los diputados, concejales y demás representantes electos de los ciudadanos (incluso apreciaciones erróneas), nos dejan ante la disyuntiva de que, o bien, ya que no sirven para nada, mejor estarían en su casa o en el paro para que aprendan y, de paso, poner en su lugar "gente preparada" que vocacional, desinteresadamente y con honradez ejerzan el gobierno de la nación o de la cosa; o bien, ya que no se puede hacer nada, despreocuparnos de la política y que cada uno se las arregle por su cuenta.
            Está claro que la clase política (tiene bemoles el término), los representantes electos y sus partidos, digo, se han desprestigiado ellos mismos en múltiples ocasiones, y ese desprestigio se ha hecho llegar (creo que interesadamente) a todos por igual. Esto, que conste, es por no hacer tabla rasa: personas honestas, que no han robado, malfurriado ni mentido, haberlas, haylas. Tanto entre los políticos como entre el resto de la ciudadanía. Hay quien dice, no obstante, que en este país nadie se salva, que somos así etc., etc. Él sabrá, ellos sabrán la opinión que de sí mismos están dando.
            Dejando a una parte, cielos, el derecho a la presunción de inocencia y honestidad, estamos donde estamos bombardeados por la culpa, como ya he dicho en este mismo foro en otras ocasiones, con esa cara de tontos que se nos queda asumiendo que esto no podía ser ¡Demasiada felicidad!¡Fue bello mientras duró! Y vuelvo a repetir aquello: que cada palo aguante su vela. Porque si no, llegamos a la conclusión de que lo que está mal es la democracia, los derechos humanos, el contrato social y cualquier manera de convivencia civilizada ¡Sólo nos merecemos el palo y la zanahoria! Que el trabajo no es un derecho y un deber sino una mercancía cuyo valor depende como todo de las sacrosantas leyes del mercado, mano inocente que mueve la rueda de la fortuna.
            En un momento como éste, tan dramático, apelar al sueldo de los diputados, de los funcionarios, de esos parados que cobran (¡si es que son unos vagos!), de los viejos hipocondríacos acaparadores de medicamentos, de los universitarios que se van de Erasmus para golfear por esos países, de los tal o los cual… y no a la mala práctica, a la irresponsabilidad y, sobre todo, a la avaricia desmesurada de los acaparadores del maldito parné y sus coadyuvantes, los sacerdotes del Becerro de Oro, en este momento, digo,  dimitir de nuestra condición de ciudadanos es asumir la de chivos expiatorios.
            Y es que es esa condición de ciudadanos la que se nos está poniendo en duda como si fuese una cosa que se nos puede quitar por hacer abuso de ella. En una democracia formar parte del demos, tener carta de ciudadanía, es asumir la responsabilidad y para ello el poder de poder ejercerla. Sin ese poder, nuestros derechos son concesiones del verdadero poder, el fáctico, que se nos podrán arrebatar si somos malos o con escusa de serlo y aun sin serlo.
            Por eso el sueldo del diputado, la productividad de los funcionarios, el mal uso de los servicios públicos y otros muchos debates concernientes al buen uso de las instituciones y recursos del estado son algo que no tendría que ser algo excepcional sino corriente en el devenir cotidiano de una democracia. Cuando lo corriente, lo que debería ser normal se convierte en excepcional, se sobredimensiona ocultando otros debates, sobre cosas también muy importantes y que se dan por descontadas.
            Un ejemplo de lo anterior es la falta de debate público sobre la deuda contraída del Estado Español y su “legitimidad incuestionable” (tanto del capital nominal como de los intereses leoninos derivados de una especulación manifiesta) que llevó a reformar la Constitución el 2011 con lindezas de este tenor: Los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de sus presupuestos y su pago gozará de prioridad absoluta.
            Resulta indignante que una decisión tan excepcional como una reforma de la Carta Magna, que supone de hecho una cesión de soberanía tan importante, no haya sido consultada en referéndum tras el consiguiente debate aclaratorio. Este es el mensaje. 
            La Corona, entre tanto, insta a los políticos a la Gran Política, la histórica y heroica del consenso de la transición con Espada de Damocles (de los espadones) incluida, representada esta vez, con el no se puede hacer otra cosa o ya veréis lo que hace la Prima. Pero La Corona, que para mí no significa otra cosa que la patética imagen de un anciano simpático y granujilla con el discurso acabado, es la representación máxima del estado y cuando nos dice que debemos claudicar nuevamente ante la adversidad de los tiempos haciendo sacrificios por una segura recuperación (de la grandeza de España, me pienso), luchando unidos (contra la discrepancia, la diversidad, que no a otra cosa nos suena lo de desunión) sobre todo bipartidistamente (consenso), cuando esto nos dice la Corona, a muchos de nosotros nos parece más de lo mismo en el tortuoso camino hacia una democracia real que (perdón por la gracieta), no es lo mismo que monarquía parlamentaria.
            El deterioro de la imagen de Juan Carlos I y su entorno, no se ha debido desgraciadamente a un debate serio sobre la vetusta institución tanto como a los avatares de un sistema democrático que se consensuó con gran ilusión por parte de una mayoría con ganas de vivir en alegre libertad, con cierta resignación por parte de muchos que hubiéramos preferido poder cambiar nuestra opinión con el paso del tiempo y sobre todo, con una gran presión por parte de los poderes fácticos para que la cosa no se desmadrase. Esa legalidad democrática, que no obstante, es lo que teníamos y lo que tenemos, ha resultado ser tan débil como el pensamiento de la ciudadanía (el sueño de la Razón, citando a Goya) que de puro autocomplaciente en su laissez faire se queja de lo que al parecer libremente ha elegido. Así pues, aunque la monarquía por su naturaleza irracional (en el sentido goyesco), no necesita a nadie para deteriorarse; se cuartea por momentos como la pintura mal imprimada que es: una gruesa y grasa capa franquista, una magra capa de consenso democrático, otra recia capa de involución y, por si fuera poco, la capa final de la imprimación en blanco legítimo dinástico; así pues, retomando el hilo, las propias vicisitudes de nuestra democracia en ese no querer desmadrarse (que no fuera otra cosa que evolucionar), han afectado al prestigio de la institución de la jefatura del estado bajo cuya irresponsabilidad ante la ley, y por irresponsabilidad de los sucesivos gobiernos y legislaturas, se ha podido cometer ilegalidades sin control.
            Ese es el verdadero debate, el control. El control de las instituciones por parte de la ciudadanía, pues es evidente que el descontrol destruye el sistema inmunológico de una sociedad democrática. La corrupción es consecuencia de los fallos en el control por parte de los ciudadanos, por ejemplo, delegando en el tribunal de cuentas y del real control que ejerce sobre los gobernantes el real poder del maldito parné.
            Demasiado debate se omite en los medios de comunicación que han dejado de ser el cuarto poder para ser simplemente la voz de sus amos escenificando un diálogo estéril, que a priori ya tiene sacadas las conclusiones.
            También entretanto, doña Cospedal, retira el sueldo a los parlamentarios manchegos y ahorra un millón de euros; algún lenguaraz le ha dicho que podía ahorrarse hasta diez más retirando el sueldo a los cargos de su confianza en Castilla La Mancha. Y mal andamos, repito, si estos debates corrientes, tan importantes, nos ocultan el mayor:
            ¿Qué vamos a comer mañana? ¿Qué va a ser de nuestra salud pública? ¿Qué va a pasar con la educación de nuestros hijos, con nuestra vivienda encarecida artificialmente por la irresponsabilidad (de hecho, según parece, la teórica no responsabilidad de sus actos, no sólo se aplica al Rey) y la codicia sin límites? ¿Qué va a ser de nuestro trabajo depauperado por la evaporación de los derechos laborales?
            La libertad es muy difícil (no imposible) cuando la necesidad te induce a asumir la esclavitud. Los sucesivos singobiernos gendarmes del dogma satanizador del déficit, y vigilantes de la amenazante hiperinflación están produciendo gran pobreza material y moral. Y las verdades a medias son peor que las mentiras, como mucho peor que el sueldo de los diputados es el clientelismo y la falta de moralidad a la hora de representar a la ciudadanía. Soy de los que piensan que deberíamos poder aplicar la ley ya que no hay libertad fuera de ella: La Constitución, Los Derechos Humanos… Deberíamos poder legislar, reformar nuestras leyes al margen de los intereses espurios de una minoría ciega cuando no manifiestamente malvada que mancha hasta la posibilidad de sentirnos honrados sin ser estúpidos.  Una verdad a medias es que somos como somos y no tenemos remedio; que todos no sé qué y todos no sé cuánto. Pero no somos todos los que tenemos perros feroces guardando el botín en islas remotas, ni los que acumulamos recursos, hasta robándolos, para influir en su precio manejando su oferta y su demanda. Que los esbirros del becerro de oro nos quieran hacer comulgar con ruedas de molino es una cosa, que devotamente, genuflexos de ferviente fe, digamos amén es penoso: en el pecado llevamos la penitencia.
            La democracia es muy difícil también, pero no imposible. No es lo mismo legitimidad que legalidad. Pero, incluso, estamos ante el hecho de que hasta la legalidad constitucional está siendo atropellada por los gobiernos títeres del poder real. Es nuestra decisión ser ciudadanos o grey. Hay muchos luchando por las calles contra los desahucios, en las escuelas y en los ambulatorios de la sanidad contra los recortes, en suma, una marea multicolor contra la mentira y la indignidad que podemos apoyar pacíficamente o esperar a que alguien señale un enemigo público (el moro, el rojo, el masón, el catalán, el español, el cristiano, el homosexual, en suma el otro) y arremeter contra él con toda la violencia de nuestra debilidad mental. Salud para el 2013, que hambre no ha de faltar.