martes, 5 de marzo de 2013

La caspa de Cospedal.


La caspa de Cospedal.

Las declaraciones de Cospedal sobre el finiquito diferido de Bárcenas, o lo que haya querido decir con su sublime galimatías, son lo de lo más casposo y abochornante que venimos soportando. Doña Dolores de la Mancha, se ha cubierto de gloria una vez más, pero ésta, superando con creces sus anteriores logros. Dice el refrán que se tapa mal la zorra con la cola para expresar la actitud de la persona que da flacas explicaciones o pobres excusas al ser pillada en flagrante falta. Y es verdad que nos podía haber ahorrado el insulto a la inteligencia de su farfullante discurso, que no  la cubre. El lenguaje corporal de doña Dolores denotaba un corrimiento difícil de soportar, produciendo feroces ataques de vergüenza ajena: todo un espectáculo para los sufridos ciudadanos que no dan crédito. Ni lo tienen.

Parece ser que todo se confabula, hasta las noticias sobre la corrupción, para no hablar de lo que hay que hablar. Los 38.500 millones de intereses que el estado Español tiene que pagar salen de los 39.000 millones de los recortes sociales. La corrupción es la consecuencia de la prevaricación que comete, día a día en el mundo, el maldito parné, corrompiendo a políticos, altos funcionarios de las instituciones promovidos democráticamente a dedo y a todo un etc. clientelar, en cascada, de mayor a menor que hunde sus raíces en las entrañas de la sociedad, es decir, de la ciudadanía que es, eso sí, la verdadera culpable de las bellaquerías que sus líderes cometen impregnados por la falta de moralidad y valores, o viceversa si hemos de hacer caso del mensaje de los Escribas y Fariseos. Verbigracia, la cúpula de la Iglesia Católica ¿O ese continuo recurrir a la falta de espiritualidad de la sociedad que ha provocado el materialismo ateo y laico no es la línea de argumentación de la Cátedra de Pedro, actualmente vacante? Claro que Benedicto se ha retirado a rezar, tal vez, harto de ver lo que le rodeaba, a decir de algún maledicto: una curia de pederastas y putañeros extorsionados por una red de chaperos de lujo. Y mal andamos si la reserva espiritual de occidente ha sido corrompida por la lujuria y la  avaricia hasta el punto de provocar la dimisión del Santo Padre que, por supuesto, ha decidido con total libertad. Pero eso sirve para el Papa que  se siente miembro del Cuerpo Místico de Cristo y cree en el dogma de la Comunión de los Santos y en el poder de la oración.

Pero todo se confabula para no hablar de lo que los ciudadanos venimos padeciendo, no sabemos si por ese “sin dios” (materialismo y falta de fe) que critica la Iglesia pía y piadosa, y sus glosadores, o precisamente por nuestra fe en el alienante mensaje de que no queda más remedio, no hay otro camino. Lo cierto es que salvo para unos pocos creyentes, nuestras referencias están borradas y nuestros modelos desprestigiados. Si los ciudadanos aparentemente principales (entiéndase grandes empresarios, élites políticas, altos cargos mundiales)  están bajo sospecha de corrupción cuando no condenados por prevaricación, robo e incluso bajo sospecha de asesinato, es fácil llegar a creerse que no hay otro mundo posible salvo el cielo de Benedicto que, no es por nada, está en entredicho y desprestigiado últimamente a causa de las almas que admite en su seno.

Y entre tanto, alguien les ha contado a los obreros alemanes que ellos están pagando la holgazanería de los obreros del sur. Alguien está contando a los obreros griegos que son los culpables junto con los españoles, lusos, etc. de todo lo que nos está pasando. Por nuestra culpa y nuestros grandes pecados. Cuando nos castigan llevándose las fábricas, nuestras plusvalías, nuestras pensiones, nuestro contrato social algo malo habremos hecho: Agnus Dei, qui Tollis peccata mundi, miserere nobis.
En fin, la muerte de Hessel me hace revivir estos días su “¡Indignaos!”, porque, hoy en día, sin la rabia necesaria, sin la justa cólera no podremos salir adelante.

Soportar el casposo discurso de Doña dolores de la Mancha y los suyos, que no son otros que los mamporreros del poder, estén en las filas que estén o digan estar, es por nuestra culpa: lo reconozco.


El soportar el sibilino discurso de la Iglesia Católica, con sus infumables criptofonías sobre el cuerpo místico,  la comunión de los santos, la transubstanciación, el perdón de los pecados desde Adán a nuestros días y un largo etc., soportarlo e interiorizarlo, con la que está cayendo, es culpa nuestra.

Soportar que se hable de todo menos del drama humano de los desahucios, el paro, la pobreza que nos atrapa día a día, de nuestro dinero que se emplea para pagar ladrones y especuladores que no otra cosa son los que manejan los mercados, es nuestra culpa.

Un primer paso para hablar de lo nuestro donde hay que hablar sería que, si nuestros políticos no se hacen eco de verdad de todo esto por que no pueden o no les dejan, o simplemente defienden sus intereses y no los nuestros, que dimitan antes de que los defenestremos de forma metafórica, por supuesto. Y los ladrones a la cárcel, que como dijo el monarca, nadie debe estar por encima de la ley. Bueno, menos él, que para lo que le queda al hombre no le vamos a cambiar el paso. De lo del Rey, no lo dudo, ya que no él, somos todos responsables.


Si dejamos que nos escriban el discurso vamos mal. La caspa pica que enciende, al principio, después, ni la notas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario