lunes, 26 de noviembre de 2012


EL DESAHUCIO ESPAÑOL
Don Rajoy y la Banca han dicho que esto de los desahucios se está pasando de castaño oscuro y, de momento, el uno pone el decreto en marcha y la otra dice que está dispuesta a lo de la moratoria. Uno y otra no quieren decir que no haya que pagar las deudas, no. Por muy “odiosas” que éstas sean, no estamos en eso. Hay que pagar.
Las comillas van por lo de la polisemia de odiosa. Una deuda se puede odiar, como se odia el pecado, por ejemplo, o puede ser odiosa en el sentido de ilegítima, que ha sido contraída en condiciones de inferioridad y es esgrimida como herramienta de “extorsión” a través de la cual se condicionan las políticas y la soberanía de los pueblos o los inalienables derechos de las personas. Un ejemplo habitual sería la deuda que se hace contraer a una persona con mentiras o falsas expectativas, generalmente una mujer, para obligarla a prostituirse. Otro, por no ir más lejos, es la asunción de la deuda privada por parte de los estados, socializándola, obligados a pagar unos intereses leoninos, lo que les hace aumentar la deuda constantemente, teniendo que dedicar sus recursos, los del estado, a pagar intereses, en detrimento de los servicios sociales a los ciudadanos que los pagan con sus impuestos.
Esta es la madre del cordero. La deuda odiosa. La ilegítima. Aquella que nos extorsiona “obligándonos a las valientes reformas” que la heroica audacia de esa firme mano, que no tiembla, de don Rajoy, viene dictando y que conculcan los derechos fundamentales de la ciudadanía: trabajo, vivienda, salud, educación… No sólo sancionados por nuestra constitución (a la que se permite reformar sin consulta previa) sino que también, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos suscrita por España.
Los desahucios siendo una vergüenza nacional, no son lo único, desgraciadamente. Lo peor es el ejercicio de mendaz lubricación que los responsables de esta ruina, con el gobierno de mamporrero, están haciendo para jodernos del todo. Desde luego que tenemos un grave problema de corrupción, no hay que olvidarlo. Pero esto de auditar la deuda, corre prisa. Nos va la vida en ello.
Tenemos que saber qué se debe y a quién, quién lo debe y a qué se debe todo este maligno intento de perjudicar la única, por muy precaria que sea, expresión del pueblo, de los ciudadanos, que es el estado.
Don Rajoy y la Banca, uno y trino (sí, por ahí anda el espíritu, en sus diversas transformaciones, palomo santo, becerro de oro… cuya esencia es la excelsa manifestación del amor que se prodigan los otros dos a los que a su vez genera en una especie de referencia circular), he aquí el misterio de una teología inextricable, no podría ser de otra manera, importada, universal y advocable: Doña Merkel y su Banca etc… En resumidas cuentas, poder político y económico, con su tercero, llamémosle, poder real, en su incestuoso ménage à trois.
Todo un galimatías que pretende sustituir, y de hecho infecta parasitariamente,  el único poder legal que es el estado con su división de poderes legislativo, ejecutivo y judicial.
Sí, también uno y trino.
Demasiada teología, demasiado dogma. Habrá que andarse con ojo. Pero lo importante es que nos han metido la mano en nuestros bolsillos, y lo que es peor, en nuestros  derechos y esto no debemos tolerarlo. ¿Cómo? De momento sabiendo que el que calla otorga: que nuestro silencio no sea cómplice.  Rompo una lanza por Stop Desahucios, como ejemplo de ciudadanía en pié. Todo lo que sea diferir enfrentarnos con el problema va contra todos, que no nos olvidemos: Somos Mayoría

miércoles, 15 de agosto de 2012

Culpables


Don Rajoy y su gobierno, queriéndolo o no, nos están poniendo a los españoles como chupa de dómine. No sólo han insultado a nuestra inteligencia, sino  también, a nuestra honradez y bonhomía. Hablo de españolas y españoles que conozco, sean políticos, funcionarios, profesionales y demás clase trabajadora. Soy consciente que he empezado por políticos, con la que está cayendo, pero ni todos los que yo he conocido son corruptos, vagos, ambiciosos o incapaces, ni creo que así sean muchos de los que no he conocido. Lo mismo podría decirse de los funcionarios con su proverbial fama de vagancia e incapacidad, a pesar de haber opositado y, en teoría, demostrado su aptitud. Claro está que estos son lugares comunes; antes lo decíamos así: “No se puede generalizar”.

            Nos dicen que no pagamos el IVA y por eso lo tienen que subir; que vivimos por encima de nuestras posibilidades, al parecer, en lo tocante a la salud, la educación, la seguridad social (no la sanidad, que se había discriminado de ésta al tener carácter universal y pagarse con cargo a los impuestos) que son las partidas más recortadas de los presupuestos; que las autonomías son las culpables del despilfarro y hay que meterlas en vereda, y que la Constitución, también en ese sentido, hay que reformarla pues han llegado los jacobinos al poder y no se puede estar a mal con las autoridades ni llamarlas con nombres soeces. Éstas y muchas otras cosas nos dicen, callando lo fundamental: ¿quién debe y a quién?

            Nos está insultando este gobierno (también el anterior pero ahora le toca a don Rajoy) la inteligencia pero, sobre todo, nos calumnia tan reiterada y machaconamente que corremos el riesgo de creernos sus burdas mentiras.

            No hemos vivido ni vivimos por encima de nuestras posibilidades, sino que estamos pagando unos intereses de un endeudamiento por encima de esas posibilidades; y si no, vamos a auditar la deuda, las deudas, para ver cuales tienen que asumir los estados de las que han asumido los gobiernos con mentiras y tapujos, cómplices que lo son, cuando no esbirros o empleados del capital ladrón y especulativo.

            Que coste que esto no es un insulto: la banca, por ejemplo, ha tenido y tiene que recapitalizarse, eufemismo para decirnos que el dinero que le han confiado difícilmente lo podría devolver por que, entre otras cosas, los activos que coloca en sus balances (eufemísticamente, también, productos financieros) están escandalosamente sobrevalorados; la banca en general no dispone, ya no de liquidez, no dispone de valores condonables por el monto total del capital que se les ha confiado; y eso es robar, aunque poner nombres concretos al ladrón o ladrones sea complicado. Es más fácil decir que todos y cada uno de los contribuyentes ha gastado más de lo que tenía.

            Son tantos los insultos, las mentiras y sus repeticiones constantes que somos muchos los que estamos hartos de oír las consignas narrando nuestro pícaro comportamiento, nuestra falta de rigor y nuestra incapacidad para relacionarnos y vivir con decencia de ciudadanos. Hartos. Y como no se puede generalizar, que cada palo aguante su vela.
           
           Somos mayoría los que no somos pícaros (que no vengan removiendo nuestras conciencias, nuestros sentimientos de culpa, nuestra autoestima), los que no somos corruptos, los que vamos a trancas y barrancas cargando con todo lo que nos echan encima.

            Que aguanten su vela los que han vendido nuestro patrimonio y han malfurriado nuestros ahorros.

            Que aguanten su vela los que de forma artera y por la puerta de atrás han ido cediendo nuestra soberanía, la del Pueblo Español, al que con tanto patrioterismo dicen defender, aceptando tratados y pactos que van en contra de nuestras leyes, las cuales, reforman al dictado de quienes por nadie han sido elegidos.

            Que aguanten su vela los que han administrado mal, los que han robado, sobornado y han legislado para defender los derechos de unos pocos contra los de todos.

            Y, finalmente, que aguanten su vela todos aquellos que en sus trabajos sean funcionarios o no, actúen sin decoro y decencia.

            Pero que no insulten nuestra inteligencia y nuestro honor, los que diciendo que “es que son todos iguales” pretenden disculpar sus conductas sin importarles lo más mínimo socavar los fundamentos de nuestra convivencia en paz.
           
                Don Rajoy y dones quienes sean, sólo Vds. son iguales a si mismos y a los de su calaña. Los demás, como mucho, seremos tontos por votarles y creer sus mentiras y calumnias. Pero no quieran hacernos comulgar con ruedas de molino, haciéndonos creer que todos somos culpables como si de la Pasión de Cristo se tratase. Que no, hombre, que no, todos no somos iguales; tampoco los políticos; tampoco los funcionarios. Aunque a muchos oyendo su discurso y el de otros como Vds. les cueste creerlo. Están haciendo un pan como unas hostias a no ser que lo que quieran sea cargarse el estado y la convivencia democrática. Concediéndoles el beneficio de la duda, y por si no lo saben: eso es lo que quieren los que en Vds. mandan. So bellacos.

martes, 17 de julio de 2012

Mi minuto de gloria o el pequeño-gran príncipe.


Balú, tenías que haberlo visto. Los caireles dorados del principito[1] (realmente los rizos sólo se mostraban futuribles - sus cortes de pelo siempre fueron al estilo castrense) junto a su masculinamente serio semblante que dejaba vislumbrar una alegría infantil contenida, se sumaban al irremediable encanto que cualquier cachorro de la especie tiene para los adultos. Por si fuera poco, la madre naturaleza no había sido equitativa en el reparto de sus dones entre él y sus hermanas, lo cual, hacía resaltar aún más su gracia y donaire. Estaba (como vulgarmente dice el vulgo vulgar - que para eso lo es) para comérselo. La simpatía que inspiraba, compartida con su progenitor en momentos muy difíciles para este refundado reino, era parte del proceso paranormal de transformación que el país entero sufrió entre el 75 y el 85 del pasado siglo. Digo paranormal porque aquel poner el cascabel al gato de la dictadura, resultando que el tirano tuviese su sucesor al tiempo que el pueblo recuperaba su soberanía, se vio como algo milagroso y ejemplarizante. El monarca vino a ser en el imaginario colectivo el factótum indiscutible de la transición. Sobre todo tras el 23F, donde quedaba salvada cualquier reticencia que pudiera despertar el ser legítimo sucesor del pequeño-gran asesino y de su abuelo, el defenestrado Alfonso XIII que, aunque no lo tiró nadie por la ventana, visto lo bien que suena la frase con el galicisno, se non è vero, è ben trovato.

            Las personas mayores, Balú, no sé si por experiencia o desengaño, tendemos a pensar que los milagros no existen salvo en la magia de la prestidigitación también llamada ilusionismo. Sólo amarrándonos a la ilusión (aquí en su acepción de optimismo) o a la utopía, retrasamos el irremediable destino de la decepción adulta. Irremediable, sí, aunque solamente sea parcial. Que algunos no cejan.

            Cuando te trajimos a casa, Balú, eras una informe bola peluda, mal oliente y llena de pulgas de la que emergiste, como de la espuma, cual venus boticcelliana. Estabas serio, tal vez asustado o echando de menos la perrera que compartías con tu madre. Si tu memoria fuera la mía (¿realmente no lo es?) tal vez recordases que en tu infancia perruna yo te llamaba príncipe como un padre orgulloso de la hermosura y gracia de su retoño. A veces, cuando me enfado contigo porque te pones a ladrar como un perro cualquiera, no caigo en la cuenta de que lo haces porque esa es tu naturaleza, ladrar es lo tuyo. Porqué no te callas, te digo; e inmediatamente, cuando obedeces, o lo aparentas, te acaricio aun a sabiendas de que volverás a hacerlo, cayendo en la cuenta, ya, que es tu naturaleza.

            Nuestro Príncipe, el de todos (somos sus criadores), como tú, se ha hecho adulto. Probablemente, como tú para mí, también sigue resultando hermoso para muchos y  muchas. Ha estudiado con aprovechamiento y es consciente, según parece, de la importancia de su papel institucional. Por si fuera poco, tiene una bella e inteligente esposa, y unas hijas, como lo fue él, encantadoras, probablemente gracias a los genes plebeyos aportados por su mamá. Con esto, volviendo a mi decepción adulta, quiero decirte que no es por ti, ni por el príncipe; formáis parte de ese mundo de afectos paranormales en el que muchos españoles están o estamos subsumidos desde el 75. No hay nada en vosotros, ni siquiera en ti, ebúrneo amigo, que me pueda decepcionar. Es vuestra naturaleza:

            El sueño de mí razón, que os da forma y vida.

            Desde la nostalgia, pero sin una pizca de ella,

en Movera a 20 de julio de 2011.

Manuel Marteles.



[1]Car je n'aime pas qu'on lise mon dialogue à la légère...” (Antoine de Saint-Exupéry en Le Petit Prince)

Contradictorias y épicas divagaciones de un casto josé zarzuelero en estocolmo


Gracias, rey mío, por la bondad que por doquier prodigas.

Gracias, galán de los luceros y las nevadas cumbres,

Porque matarme no me matas y en rey fuera costumbre,

Porque violarme no me violas sobre un lecho de ortigas.



Quisiera mi razón velar y duerme, sueña espigas:

Casto josé en bíblica zarzuela tu mente alumbre

Mi sabio discernir. Pues no quisiera que se derrumbe

Tu mito, tu leyenda, demócrata y sutil auriga.



Que herido en la batalla  ¡proboscídea fiera infame!

De tanto soñar lozanas espigas y orondas vacas

Comidas, más bien devoradas, por sus hermanas flacas,



Tu instinto natural, tan campechano, hacia el encame

Nublado se ha quedao, tal vez pasmado y en consecuencia

Tu verga carmesí, laxa, arrugada, furiosa, brame.



Gracias, galán, gentil auriga, sutil evanescencia,

Que a tu salacidad, bendita y alabada

Por amor a tus súbditos pusiste fin.

Punto final, final del cuento o canto ruin.

Historia rematada:

Y comieron perdices.

Y no nos dieron.

Y fueron muy felices.

“¡Paladares plebeyos!”

Eso dijeron

Colectivo Prometeo: Comunicado para la manifestación del jueves

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