EL DESAHUCIO ESPAÑOL
Don Rajoy y la Banca han dicho que esto de
los desahucios se está pasando de castaño oscuro y, de momento, el uno pone el
decreto en marcha y la otra dice que está dispuesta a lo de la moratoria. Uno y
otra no quieren decir que no haya que pagar las deudas, no. Por muy “odiosas”
que éstas sean, no estamos en eso. Hay que pagar.
Las comillas van por lo de la polisemia de
odiosa. Una deuda se puede odiar, como se odia el pecado, por ejemplo, o puede
ser odiosa en el sentido de ilegítima, que ha sido contraída en condiciones de
inferioridad y es esgrimida como herramienta de “extorsión” a través de
la cual se condicionan las políticas y la soberanía de los pueblos o los
inalienables derechos de las personas. Un ejemplo habitual sería la deuda que
se hace contraer a una persona con mentiras o falsas expectativas, generalmente
una mujer, para obligarla a prostituirse. Otro, por no ir más lejos, es la
asunción de la deuda privada por parte de los estados, socializándola, obligados
a pagar unos intereses leoninos, lo que les hace aumentar la deuda
constantemente, teniendo que dedicar sus recursos, los del estado, a pagar
intereses, en detrimento de los servicios sociales a los ciudadanos que los
pagan con sus impuestos.
Esta es la madre del cordero. La
deuda odiosa. La ilegítima. Aquella que nos extorsiona “obligándonos a las
valientes reformas” que la heroica audacia de esa firme mano, que no tiembla,
de don Rajoy, viene dictando y que conculcan los derechos fundamentales de la
ciudadanía: trabajo, vivienda, salud, educación… No sólo sancionados por
nuestra constitución (a la que se permite reformar sin consulta previa) sino que
también, por la Declaración Universal de los Derechos Humanos suscrita por
España.
Los desahucios siendo una
vergüenza nacional, no son lo único, desgraciadamente. Lo peor es el ejercicio de
mendaz lubricación que los responsables de esta ruina, con el gobierno de
mamporrero, están haciendo para jodernos del todo. Desde luego que tenemos un
grave problema de corrupción, no hay que olvidarlo. Pero esto de auditar la
deuda, corre prisa. Nos va la vida en ello.
Tenemos que saber qué se debe y a
quién, quién lo debe y a qué se debe todo este maligno intento de perjudicar la
única, por muy precaria que sea, expresión del pueblo, de los ciudadanos, que
es el estado.
Don Rajoy y la Banca, uno y trino (sí, por
ahí anda el espíritu, en sus diversas transformaciones, palomo santo, becerro
de oro… cuya esencia es la excelsa manifestación del amor que se prodigan los
otros dos a los que a su vez genera en una especie de referencia circular), he
aquí el misterio de una teología inextricable, no podría ser de otra manera, importada,
universal y advocable: Doña Merkel y
su Banca etc… En resumidas cuentas, poder político y económico, con su tercero,
llamémosle, poder real, en su incestuoso ménage
à trois.
Todo un galimatías que pretende sustituir, y
de hecho infecta parasitariamente, el
único poder legal que es el estado con su división de poderes legislativo,
ejecutivo y judicial.
Sí, también uno y trino.
Demasiada teología, demasiado dogma. Habrá
que andarse con ojo. Pero lo importante es que nos han metido la mano en
nuestros bolsillos, y lo que es peor, en nuestros derechos y esto no debemos tolerarlo. ¿Cómo?
De momento sabiendo que el que calla otorga: que nuestro silencio no sea
cómplice. Rompo una lanza por Stop Desahucios,
como ejemplo de ciudadanía en pié. Todo lo que sea diferir enfrentarnos con el
problema va contra todos, que no nos olvidemos: Somos Mayoría