martes, 17 de julio de 2012

Contradictorias y épicas divagaciones de un casto josé zarzuelero en estocolmo


Gracias, rey mío, por la bondad que por doquier prodigas.

Gracias, galán de los luceros y las nevadas cumbres,

Porque matarme no me matas y en rey fuera costumbre,

Porque violarme no me violas sobre un lecho de ortigas.



Quisiera mi razón velar y duerme, sueña espigas:

Casto josé en bíblica zarzuela tu mente alumbre

Mi sabio discernir. Pues no quisiera que se derrumbe

Tu mito, tu leyenda, demócrata y sutil auriga.



Que herido en la batalla  ¡proboscídea fiera infame!

De tanto soñar lozanas espigas y orondas vacas

Comidas, más bien devoradas, por sus hermanas flacas,



Tu instinto natural, tan campechano, hacia el encame

Nublado se ha quedao, tal vez pasmado y en consecuencia

Tu verga carmesí, laxa, arrugada, furiosa, brame.



Gracias, galán, gentil auriga, sutil evanescencia,

Que a tu salacidad, bendita y alabada

Por amor a tus súbditos pusiste fin.

Punto final, final del cuento o canto ruin.

Historia rematada:

Y comieron perdices.

Y no nos dieron.

Y fueron muy felices.

“¡Paladares plebeyos!”

Eso dijeron

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