Gracias, rey mío, por la
bondad que por doquier prodigas.
Gracias, galán de los
luceros y las nevadas cumbres,
Porque matarme no me matas y
en rey fuera costumbre,
Porque violarme no me violas
sobre un lecho de ortigas.
Quisiera mi razón velar y
duerme, sueña espigas:
Casto josé en bíblica
zarzuela tu mente alumbre
Mi sabio discernir. Pues no
quisiera que se derrumbe
Tu mito, tu leyenda, demócrata
y sutil auriga.
Que herido en la
batalla ¡proboscídea fiera infame!
De tanto soñar lozanas
espigas y orondas vacas
Comidas, más bien devoradas,
por sus hermanas flacas,
Tu instinto natural, tan
campechano, hacia el encame
Nublado se ha quedao, tal vez pasmado y en
consecuencia
Tu verga carmesí, laxa, arrugada,
furiosa, brame.
Gracias, galán, gentil
auriga, sutil evanescencia,
Que a tu salacidad, bendita
y alabada
Por amor a tus súbditos pusiste
fin.
Punto final, final del
cuento o canto ruin.
Historia rematada:
Y comieron perdices.
Y no nos dieron.
Y fueron muy felices.
“¡Paladares plebeyos!”
Eso dijeron
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